Cuentos y relatos
Tanto tiempo estuvo inmóvil en el mismo lugar, que al marcharse el pasado, dejó su sombra impresa en el suelo. Para deshacerme de ella, la rocié con gasolina y la prendí. El fuego duró demasiado tiempo, pero al final se apagó. Aunque al agotarse la llama, vino un viento de poniente que alzó las cenizas y las respiré, ahogándome durante algunos meses.
Me vas perdiendo cuando miras al plato, perdida en el infinito, como intentando ver a través de él. Me vas perdiendo cuando haces que tus palabras se queden escondidas en la garganta, y cada vez son más, y forman una bola que no te permite tragar.
Cada mañana, al abrir las ventanas de tus ojos, veo el iris de mi cielo. Ese que rodea al agujero negro en el que me pierdo. Ese por el que entro al edén de tu interior. Ese que es la puerta de tu alma. La puerta de tus sueños.
Nuestras muñecas sentían los fríos grilletes que nos unían a la pared. Esos mismos que no nos dejaban acercarnos para susurrarnos al oído. Y gritábamos para entendernos, pero no nos entendíamos, pues los gritos son fuertes y desagradables.
A aquellas personas que viven la vida con fe,
ilusión y esperanza a pesar
de los golpes que les dé la vida.
A I.S.L. y F.P.
Acababa de desayunar. El día amaneció soleado, era primavera. Los almendros regalaban su preciosa imagen con flores color del alma. Me vestí y salí de casa.
Cuando caminaba por la calle, escuche los lamentos de un hombre. Lloraba desconsolado. Cuchillo en mano, lo miraba dubitativo.
El cielo estaba despejado, azul celeste en su cúpula, rojo sangre en el horizonte.
- Sal de mi cabeza, sal de mi cabeza, ¡sal de mi cabeza!, ¡¡sal de mi cabeza!! -Explotó a llorar Andrés.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿No quieres oírlo? -Sonaba con voz déspota.
- ¡No! ¡Es mentira!
- Es verdad. Pero la verdad duele.
Mi preciosa princesa:
Hoy hace dos años que sellamos nuestro amor, y jamás pensé que podría celebrar el placer con el dolor. Pero el destino es caprichoso, la vida no es fácil, y nos lleva por planicies sin obstáculos o por montañas rocosas.
Soñabas. Querías un poeta a tu falda,muriendo por ti. Querías mil pétalos de rosa en tu cama. Querías que sus labios pasearan por la alfombra de tu piel, mientras recitaba las poesías que escribió por ti. Querías tocar las nubes con las yemas de tus dedos, volando sobre las metáforas de terciopelo que te regalara. Querías una muerte, una entrega, una esclavitud sentimental.
A vosotras, feliz vuelo
Íbamos como pájaros libres por los ríos de asfalto que unían dos grandes ciudades. Íbamos sacando la mano por la ventanilla, acariciando con nuestros vergonzosos dedos, la púdica brisa de aquella mañana soleada. Era como la primera vez de dos adolescentes asustados. Era nuestra primera vez, la primera que realmente salíamos de nuestra jaula de barrotes grises. Creíamos de verdad que el cielo era nuestro, y por eso cerrábamos la mano intentando atrapar ese cachito de aire que nos hacía cosquillas en la palma.
