El infierno por ti

22 Ago 2010
Publicado por zait

Te vi justo enfrente. Tú me mirabas con esos ojos, como lagos cristalinos, en los que me pierdo una y otra vez. Me deleitabas con esa sonrisa pícara con la que bromeabas, aunque yo dudaba si ocultaba una intencionalidad. Yo intentaba ser la mujer de hierro para no caer en tus redes, pero tú eras como un imán, y me arrastrabas hacia ti. Un maldito duende que se metió en mi cabeza, me atormentaba, pero cuando llegó el verano, me olvidé de tirarlo, y en aquel momento no tenía la oportunidad. Yo sentía, intuía,... pero tus palabras y tus acciones no eran coherentes. Así que me dispuse a investigar.

Me acerqué a ti, lentamente. Escalé tus brazos, y al llegar a tu oído, entré en tu interior. Al llegar a tu mente, desistí. Era imposible entender nada. Tu extremo orden... pero a tu manera, hacía imposible que cualquier otra persona entendiera lo que tenías allí archivado. Además, había muchos archivos cerrados con llave, y armarios con candado. ¿Qué ocultará?, me pregunté. Pero viendo que era imposible lograr nada de aquel orden tan peculiar, me di por vencida. Así que me dispuse a salir. Pero me vi envuelta en tu sangre y me arrastró hasta tu corazón.

Estaba gris, cubierto de nubes que escupían lluvia cuando las mirabas. En el suelo solo se veía el lodo que lo cubría todo. Y no había casi luz. Encendí mi linterna y me dispuse a buscar una salida. Pero en el camino divisé algo a lo lejos, y me acerqué rápidamente. Era tu yo verdadero, ahogándose en el fango que embarraba tu corazón. El caso es que veía que se dejaba ahogar, sin prestar resistencia. Aunque al mirarlo, se agarraba con fuerza a la orilla para salir, pero no podía. Me acerqué y le tendí mi mano. Aun así se resbalaba, con lo que decidí ofrecerle las dos. Él tomó impulso y logró salir. Al principio todo era extraño, extremadamente raro, porque al salir de tu cuerpo, no parecías el mismo. Y dudé de la obviedad que percibían mis ojos. Aunque, poco a poco, fui tomando mucha más confianza en ti.

Hoy veo tu corazón luminoso y me llena de satisfacción. Hoy me hace feliz el simple hecho de que tú lo seas, aunque lo oculto ante ti por miedo a que lo veas como dependencia. Hoy te veo, con tu yo verdadero en su sitio, de donde nunca debió salir, y con un corazón limpio que el destino no debiera haber ensuciado. Hoy me prometiste un relato que contara nuestro amor, aquél que hizo que bajara a los infiernos de tu corazón por ti, únicamente por ti y por hacerte feliz.

Zaït, 22 de agosto de 2010