La nube y el mar

17 Ene 2010
Publicado por zait

Al anochecer, cuando el Sol no quiera irse y, agarrándose con fuerza al horizonte, haga sangrar al cielo con sus afiladas uñas, volverás. Serás como un niño perdido, aturdido, caminando por la playa. Tus pies desnudos, sintiendo la arena, sufrirán el ataque de los cangrejos que quieren herirte. Pero al verme, tu sonrisa les ahuyentará, y ya no te molestarán jamás. Y yo te preguntaré: “¿por qué mi amanecer empieza en el ocaso?” Tú me mirarás, acariciando mis dudas con tus pupilas, y sonreirás. Entonces entenderé que las preguntas son absurdas si las manos de las respuestas no traerán presentes para mi corazón. Así que callaré. Te regalaré mi silencio, más hermoso que mis palabras, porque dejaré hablar al alma, que no sabe de retórica y todo lo que dice es poesía en bruto.

Y allí, los dos, recostados en la arena, mirando cómo suavemente van desplazándose las nubes con el dulce soplido de Dios, pasaremos las horas, hasta que oscurezca y las pocas nubes dejen paso a las estrellas. Y estas, como hormiguitas, irán recogiendo el amor desperdigado para llevarlo al hormiguero de nuestros corazones.

Entonces te escribiré una canción. El pentagrama serán los mechones de tu pelo y las notas, cada sonrisa regalada a este ladrón de la poesía que desprendes. Pero no le pondré letra. No quiero que las dulces palabras maquillen la verdad. Quiero que veas mis defectos, mis errores y que no puedo ser perfecto. Ya hay bastante trovador mentiroso y doncella crédula. No quiero hacer mis sueños realidad, sino, de mi realidad, un sueño. Porque de la realidad no puedes despertar por muy fuerte que pellizques. Será como un cuento de hadas, pero porque habrá lobos, brujas, ogros,... Y, aunque no todo salga bien, el final feliz será afrontar juntos la marea. Aunque lo que venga sea un tsunami, sobreviviremos si no nos soltamos de la mano.

Allí, embadurnados de arena, medio dormidos, nos despediremos. Tú volverás al mar y yo a las nubes, esperando que algún día llueva y llegue hasta ti, penetre en tu alma, y me quede a vivir allí. Aunque puede que nunca llegue, y yo, hecho gota, caiga en la arena o me evapore antes de alcanzarte. Solo pido que el día que pase, nadie crea que esa gota en la arena es una lágrima, pues, aunque sería maravilloso caer en tu pecho y acelerar tu corazón, carezco de deseos y anhelos. Y lo hago porque sé que son traicioneros, y vienen con los cuchillos afilados para hacer cortes en el corazón.

Mañana volveremos a ver sangrar el cielo, el movimiento sutil de las nubes, y las estrellas luminosas que son casi igual que tú de hermosas.

Zaït, 17 de enero de 2010