Enséñame, naturaleza
El rugido de la montaña
entre los pinos y encinas,
se oye toda la mañana
entrando por mis oídos,
recorriendo mis entrañas.
Las piedras de camino
marcan la planta del pie,
las siento porque estoy vivo
y por ello ese placer
que con ellas he sentido.
Y el olor a manzanilla
invadiéndome el olfato.
Y en el río una chiquilla
que ríe mientras se moja
sus piececitos en la orilla.
El camino va serpenteando,
como si a la montaña
la fuera acariciando.
Va subiendo hacia el cielo,
por si a Dios quieres besarlo.
Enséñame, naturaleza,
el misterio de los ciclos.
Enséñame la grandeza
de que nada es eterno,
de que todo se renueva.
Enséñame a aplicarlo
en mi vida cotidiana
para cuando estoy pensando
que no tengo salida,
saber que un ciclo está pasando.
Enséñame que el dolor acaba
cuando lo aceptas y continúas.
Y que nunca hay tantas trabas
como para no salir airoso
de algo que oprime tu alma.
Enséñame, naturaleza,
los ciclos de la vida.
Enséñamelos, Alteza,
que quiero ser feliz
y calmar a esta cabeza.
Zaït, 15 de agosto de 2010
