Seguir siendo amigos
Aunque te parezca extraño,
yo te sigo queriendo;
por eso te evito el daño,
porque sé lo que estás sufriendo.
No es lo mismo que te quiera
que quererte para mí,
y aquel que no lo entienda
¡ay, pobre infeliz!
No te quiero aquí a mi lado
pero no puedo verte sufrir,
y tus lágrimas son dardos
que se clavan en mí.
Lo único que deseo
es que cicatrice la herida
que se te haya hecho
en tu corazón, amiga.
Y después de las ruinas,
poder volver a reír...
¡esa bellísima sonrisa
a la que antaño escribí!
¡Ay!
El hombre del tiempo no avisó
y nos despertamos con tormenta.
La ropa limpia en el balcón
se agitaba muy violenta.
Nos llenó la cara de gotas,
nos cayeron rayos en el pecho,
y hoy, con cara de idiota,
miro lo mal que lo he hecho.
A ver si cesa la lluvia
que nos hiela el corazón,
y mi boca y la tuya
vuelven a la razón,
a ser suaves y amables
como siempre lo han sido.
Y, sin la lengua de sable,
poder seguir siendo amigos.
Zaït, 2 de enero de 2010
